Cerca de un arroyo en Apatzingán, Michoacán, habitantes de San Juan de los Plátanos hallaron enormes huellas, lo que revelaría el paso de dinosaurios carnívoros y herbívoros por la región. Los especialistas advierten que el número de pisadas podría aumentar.
Lo que parecía ser un rastro de animales gigantes terminó convirtiéndose en un hallazgo paleontológico que podría revelar nuevos detalles sobre la vida prehistórica en México.

Tras los primeros reportes de los pobladores, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizaron los análisis correspondientes y confirmaron que se trata de 50 huellas fosilizadas de dinosaurios que habitaron esta región hace aproximadamente 65 millones de años.
Huellas de dinosaurios carnívoros y herbívoros
El equipo encabezado por Raymundo Cervantes Barriga, investigador del Centro INAH Michoacán, determinó que las pisadas corresponden a distintas especies de dinosaurios de talla mediana y grande.
El yacimiento se extiende inicialmente sobre una superficie de aproximadamente 40 metros cuadrados, en una plataforma de roca sedimentaria ubicada a la orilla del río.

De acuerdo con los especialistas, las huellas tienen entre 12 y 48 centímetros de longitud, con una anchura de hasta 30 centímetros. Además, las características de las pisadas sugieren la presencia de al menos tres grupos de dinosaurios.
¿Qué dinosaurios dejaron sus huellas en Michoacán?
Los primeros análisis morfológicos apuntan a la posible presencia de grandes terópodos carnívoros, dinosaurios similares a los raptores y herbívoros del grupo de los hadrosaurios, conocidos como dinosaurios de pico de pato.

Entre las posibilidades identificadas por los especialistas se encuentran:
Estas identificaciones son preliminares y deberán precisarse conforme avance la investigación.

Vivieron hace 65 millones de años
Según explicó Cervantes Barriga, las especies habitaron la zona durante el Cretácico tardío, cuando el paisaje pudo contar con cuerpos de agua a los que los animales se acercaban para alimentarse.
La variedad de huellas podría ayudar a reconstruir aspectos de su desplazamiento, la dirección en la que caminaban y la posible convivencia entre diferentes especies.
El arqueólogo José Luis Punzo Díaz destacó que el yacimiento puede aportar información sobre la locomoción, el comportamiento y las características físicas de estos animales prehistóricos.
Continuán los estudios: podria haber más huellas
Desde el 21 de octubre, un equipo multidisciplinario trabaja en la documentación y el registro del sitio. Debido a que todavía existen áreas sin explorar, los investigadores no descartan que el número de huellas identificadas aumente en los próximos días.
En las labores participan el geólogo Jasinto Robles Camacho, encargado de tomar muestras de roca; los arqueólogos María Fernanda Cabrera y José Luis Punzo Díaz, responsables de la fotogrametría; y el biólogo y paleontólogo José Luis Ávila, quien trabaja en el registro mediante moldes. El paleontólogo Carlos A. Hernández Luna colabora en la identificación preliminar.
Los resultados permitirán profundizar en el conocimiento de la fauna que habitó el territorio mexicano hace millones de años.
Michoacán, tierra de rastros prehistóricos
Aunque el descubrimiento sorprendió a los habitantes de San Juan de los Plátanos, no es el primero de su tipo en Michoacán. También se han localizado huellas de dinosaurios en Playa Azul, en Lázaro Cárdenas; El Aguaje, en Aguililla; y en los límites de Tiquicheo y Tuzantla.
En México existen poco más de 30 sitios con icnitas huellas fósiles de dinosaurios registrados ante el INAH, distribuidos en entidades como Puebla, Coahuila, Oaxaca, Chihuahua, Sonora, Durango y Michoacán.
Para los especialistas, el descubrimiento de Apatzingán no solo representa una oportunidad para ampliar el conocimiento científico, sino también para despertar el interés por la historia natural entre las nuevas generaciones.
El yacimiento se encuentra en una región que enfrenta diversos desafíos sociales, por lo que los investigadores consideran que este hallazgo puede convertirse en una fuente de interés, aprendizaje y motivación para sus habitantes, especialmente para niñas y niños.