"México pasa por momentos muy complejos en materia de seguridad. La mayor parte de nuestras corporaciones de policía y procuración de justicia sobreviven en el subdesarrollo, mientras que la mayor parte de los delitos se encuentran niveles inaceptables para la sociedad mexicana". Esto decía Omar García Harfuch el 17 de noviembre de 2018, cuando ocupaba la titularidad de la Agencia de Investigación Criminal de la entonces Procuraduría General de la República durante el gobierno del priísta Enrique Peña Nieto, calificado por el actual régimen como un gobierno neoliberal.
Y así remataba el hoy secretario de Seguridad y Protección Ciudadana y principal responsable del combate a la criminalidad en México.
"El crimen organizado representa un peligro real para nuestras comunidades y para el país. Por esto, debemos llegar a una definición estratégica de Estado que sume lo mucho que se ha construido, que lo ajuste, que lo perfeccione, pero que finalmente logre instaurar un modelo de seguridad basado en el rescate de nuestras policías y nuestras fiscalías, en políticas de prevención sensibles a las necesidades de nuestra comunidad.
¿Y qué ha cambiado?
Semana a semana el gobierno federal habla de la disminución de delitos de alto impacto, especialmente el homicidio doloso; presume el éxito de su estrategia de seguridad, pero evita hablar de la debilidad de las policías, las principales responsables de garantizar esa seguridad.
"Es una crisis de debilidad institucional; es decir, siguen siendo instituciones a las que les hace falta un proceso fuerte de fortalecimiento", dice Miguel Garza, director ejecutivo del Instituto para la Seguridad y Democracia.
Por su parte, Bernardo León Olea, abogado especialista en seguridad y justicia, afirma que esta debilidad es estructural es consecuencia de que "las policías locales los ministerios públicos locales, los jueces del fuero común, la defensoría, no hicieron su tarea. Y no hicieron su tarea quizás porque están abandonados, porque no tienen papel, no tienen armamento, no tienen capacitación, no les pagan bien".
EL ESTADO DE FUERZA
El 16 de julio de 2025 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que en su artículo primero promete "modernizar la integración, organización y funcionamiento de este sistema, así como las instituciones que lo integran"; es decir, las corporaciones policiales.
En el sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum se concretó el retorno de la Guardia Nacional al mando militar, a pesar de haber nacido como una fuerza civil.
Actualmente está conformada por 115 mil 979 integrantes. 94.1 por ciento pertenecen a la fuerza de seguridad pública, 3.3 por ciento están en la secretaría de seguridad y protección ciudadana y 2.6 por ciento son personal de confianza y administrativo.

De acuerdo con el II Informe de Gobierno 100 mil 848 efectivos operativos permanecen desplegados en las 32 entidades federativas, pero esto significa que hay sólo un elemento de la Guardia Nacional por cada mil 333 habitantes.

Según el Censo Nacional de Seguridad Pública Estatal y Federal 2026 del INEGI, al 31 de diciembre de 2025 había 121 mil 279 elementos activos de la Guardia Nacional, una diferencia de cinco mil elementos entre lo que reporta el II Informe de Gobierno de la Presidenta.
La corporación federal presume tener 909 unidades especializadas para atender la seguridad en las carreteras de jurisdicción federal, aunque son 51 mil 311 kilómetros de éstas, de tal manera que cada patrulla debe vigilar 56.4 kilómetros, las 24 horas del día, los 365 días del año.

La GN dice tener 254 mil 823 armas, (107,092 cortas; 111,348 largas); más 36 mil 383 de otro tipo, 33 aeronaves y 21 mil 909 vehículos.

Aquí entra la primera disparidad, pues las corporaciones estatales y sobre todo las municipales, están muy lejos de esa capacidad operativa que tienen las fuerzas federales.
No hay un estándar internacional sobre cuántos policías debe haber por cada mil habitantes y mientras naciones como Alemania y Estados Unidos tienen 2.1 policías por cada mil civiles, en Argentina son ocho por cada mil y sus niveles de criminalidad no son mejores que en los países del primer mundo.
El promedio mundial es de 2.8 policías por cada mil personas.

Si sumamos la totalidad de elementos de la Guardia Nacional, con policías estatales y municipales, el promedio sería de 3.2 policías por cada mil habitantes en México, pero la realidad es distinta en los territorios, dependiendo la región, pues hay municipios que ni siquiera cuentan con un cuerpo policial, a pesar de que 95 por ciento de los delitos pueden ser atendidos por las policías locales.
"Es decir, las principales detenciones las hace la policía municipal, hacen más de 1 millón de detenciones al año entre faltas administrativas y delitos", dice Bernardo León Olea, autor del libro Azul profundo, en el que plantea una estrategia para la profesionalización y fortalecimiento de las policías municipales.
FORMACIÓN POLICIAL
Podemos hablar de cantidad de policías y de una tasa por cada mil o cien mil habitantes, pero la realidad es que el primer problema es de distribución.
Dos ejemplos. De los 570 municipios que tiene Oaxaca, en 409 no existe un cuerpo de policía. En el caso de Tamaulipas existe el mando único; ninguno de los 43 municipios cuenta con una corporación policial.
El siguiente nivel de debilidad es la formación.

86.6 por ciento de las y los policías municipales tiene estudios de bachillerato o menos. Seis de cada diez terminó preparatoria, apenas uno de cada diez cuenta con licenciatura, y menos de 0.5 por ciento tiene maestría o doctorado.
Esta precaria formación académica afecta el trabajo policía, la comprensión de tácticas policiales, técnicas de investigación o para realizar labores de inteligencia y procesamiento de información.
Según el Censo Nacional de Gobiernos Municipales y Demarcaciones Territoriales de la Ciudad de México 2025 del Inegi, en promedio dos de cada cinco policías municipales no cuentan con las certificaciones ni evaluaciones básicas de competencia para cumplir con su labor.

"Está desligada la capacitación, lo que les enseñan, con lo que van a encontrar en campo; esta frase que son los comandantes recibiendo a los policías que acaban de convertirse en policías y les dicen: "olvídate de lo que aprendiste en la academia porque a ser policía se aprende en la calle", advierte Miguel Garza, director ejecutivo del Insyde.
Y destaca que esto genera conflictos entre las y los elementos y ocasiona que haya una importante tasa de deserción que no se documenta de la mejor manera.
"Ese salto provoca desconcierto, frustración, ahí conocen la policía de verdad y entonces muchos desertan, muchos se salen al año, al año y medio, sigue siendo un problema grave la rotación de personal y entonces el gobierno pues también invirtió una cantidad, para que luego se vayan de la policía".
Policías mal equipadas
Elementos sin equipamiento
Sin camisola 34.8%
Sin cinturón táctico 72.9%
Sin botas tácticas 32.4%
Sin chaleco balístico 63.4%
Sin radio 80.9%
Sin esposas 75.0%
Sin arma 77.4%
Fuente: Censo Nacional de Gobiernos Municipales y Demarcaciones Territoriales de la Ciudad de México 2025. Inegi
Y quienes se quedan, saben que no enfrentan las mejores condiciones.
La mayoría de elementos municipales carece del mínimo equipamiento para cumplir su labor y les pone en una severa desventaja frente al poder letal de los grupos del crimen organizado, que están prácticamente en igualdad de condiciones que las fuerzas armadas, muy por encima de las policías locales.
Y esto es consecuencia de la falta de inversión, por encima del discurso público.
PRESUPUESTOS OLVIDADOS
en el sexenio 2018-2024, el gobierno federal desapareció el Fondo de Fortalecimiento a la Seguridad (Fortaseg), que repartía anualmente cinco mil millones de pesos a las diferentes corporaciones policiales del país.
Actualmente el Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de los Municipios y Demarcaciones Territoriales de la Ciudad de México (Fortamun), cuenta con 45.6 mil millones de pesos, para repartirlos entre dos mil 478 municipios que enfrentan diferentes realidades.
México destina apenas 339.6 pesos al año por persona para seguridad, apenas 90 centavos diarios, mientras Estados Unidos gasta en promedio 13 mil 620 pesos pér cápita, 37 pesos con 30 centavos al día.
EXPLOTACIÓN LABORAL Y SALARIAL
Quienes egresan de las academias enfrentan condiciones laborales deprimentes, bajos salarios y largas jornadas.
El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) estima un ingreso mínimo mensual de 22 mil pesos para que cada policía y su familia pueda tener una vida digna.
La realidad está muy lejana a esta idea.
78.5 por ciento de los municipales y 54.8 por ciento de los estatales, están por debajo del salario digno recomendado por la propia autoridad.

El salario medio de un policía en México está por debajo de los 15 mil pesos, contra los 22 mil 500 que gana un policía en Brasil y muy lejos de los 116 mil mensuales que gana un policía municipal en Estados Unidos.
"El sistema salarial de los policías está no mal diseñado, está pésimamente diseñado porque es una pirámide. Y entonces si en una pirámide y lo que pasa es que cada vez menos gente pues llega a la parte a las partes más altas de la pirámide por obvias razones", reclama Bernardo León.
Porque en el peor de los casos, es el crimen organizado el que paga la nómina, como recuerda el periodista José Reveles.
"Es más en lugares muy pequeños, pues 15, 18 policías hasta se daban el lujo de pagar la nómina por un lado para que le sirvieran".
Y a los bajos salarios, se suma que uno de cada diez policías municipales no recibe aguinaldo, uno de cada cinco no tiene vacaciones pagadas y tres de cada diez no recibe prima vacacional.
Pero la mayoría no recibe seguridad social, pese al riesgo de su profesión.
Apenas 26.3 por ciento de los policías está afiliado al IMSS, 19.7 por ciento cuenta con seguridad social proporcionada por una institución de su entidad federativa, 15.1 por ciento de los policías reciben servicios de seguridad social a través de otras instituciones, y sólo 5.3 por ciento está afiliado al ISSSTE.
Sólo la mitad del estado de fuerza policial cuenta con seguro de vida, lo que ante una situación de violencia extrema, deja en la indefensión a sus familias.
Son condiciones que elevan la vulnerabilidad de las policías que por supervivencia, optan por corromperse o aceptar trabajar para bandas criminales, lo que les aleja cada vez más de la confianza ciudadana.
"Si no te pagan bien, si no tienes una organización, si no formas líderes, si no tienes equipamiento, sí, es viable. Pero si te pagan bien, hay equipamiento, hay capacitación, hay un buen Ministerio Público que trabaja junto con la policía, hay juzgados penales, hay defensoría. Sí, eso se acaba", remata Bernardo León.