Cuba no puede funcionar sin petróleo.
La electricidad, el agua y buena parte de su actividad económica dependen directamente del crudo que llega del extranjero. La isla solo produce entre 30 y 40% del petróleo que consume, lo que significa que entre 60 y 70% debe importarlo para evitar apagones y sostener servicios básicos.
La mayor parte de ese combustible no se usa en automóviles ni en actividades individuales, sino en algo mucho más esencial: generar electricidad. El petróleo crudo y el fuel oil se destinan principalmente al suministro de luz, gas y agua. Sin ese combustible, las plantas eléctricas simplemente no pueden operar, lo que explica por qué cualquier reducción en el suministro se traduce rápidamente en cortes de energía.

Las cifras lo dejan claro. Más de 3.3 millones de toneladas de petróleo se concentran en el sector eléctrico y de servicios básicos. Es decir, la prioridad es mantener encendidas las plantas que abastecen a hogares, hospitales, escuelas y centros de trabajo. Sin esa energía, la vida cotidiana se paraliza.
Otros sectores también dependen del crudo, aunque en menor medida. La explotación de minas y canteras utiliza alrededor de 476 mil toneladas; la industria manufacturera consume unas 128 mil; y la industria azucarera, cerca de 32 mil toneladas. En construcción, el consumo es inferior a 5 mil toneladas. Cuando hay escasez, estas actividades suelen resentir los primeros recortes.
Contrario a lo que podría pensarse, la población no es el principal consumidor. En 2023, la gasolina destinada a la población y otros sectores sumó alrededor de 135 mil toneladas, una cifra mucho menor comparada con lo que se destina a la generación eléctrica. Esto refleja que el Estado prioriza mantener en marcha los servicios estratégicos antes que el consumo individual.

En cuanto a otros derivados, los números también muestran una distribución clara: solo mil toneladas se destinaron a gasolina de aviación; 48 mil toneladas de nafta industrial y solventes se concentraron en la minería; el queroseno alcanzó cerca de 28 mil toneladas; y el diésel se empleó casi en su totalidad en transporte y comunicaciones.
La conclusión es evidente: Cuba necesita grandes volúmenes de petróleo principalmente para producir electricidad. Sin el crudo importado, el país enfrenta el riesgo inmediato de apagones prolongados y afectaciones en servicios esenciales. Por eso, cada reducción en el suministro externo impacta de manera directa en la estabilidad energética y en la vida diaria de la isla.