Sarampión en México, el fracaso de la prevención


México pasó de registrar siete casos en 2024 a 12,948 hasta el 18 de septiembre de 2026. En dos años, el país acumuló más de 19 mil contagios y 49 muertes, mientras la cobertura de vacunación se alejaba del nivel necesario para contener el virus.


Durante casi tres décadas, México consiguió algo que parecía irreversible: mantener al sarampión bajo control.

Desde 1996, el país registró prácticamente cero casos anuales y, dos décadas después, fue certificado por la Organización Mundial de la Salud como país libre de sarampión. Ese periodo de control terminó en febrero de 2025, cuando comenzó un brote que, más de un año después, continúa extendiéndose.

Los números muestran la velocidad del retroceso.

En 2024 hubo apenas siete casos.

En 2025 fueron 6,614.

Y al 18 de septiembre de 2026 ya sumaban 12,948.

En apenas dos años, México pasó de contener el virus a acumular más de 19 mil contagios.

El repunte también llegó a las estadísticas de mortalidad. Entre 2025 y 2026, el sarampión ha provocado 49 muertes: 27 en 2025 y 22 en 2026, de acuerdo con las cifras utilizadas en esta investigación.

El problema, por tanto, no es solamente el regreso de una enfermedad que México había conseguido mantener bajo control. La pregunta es qué ocurrió con el sistema que debía impedir su regreso.



El escudo comenzó a perder cobertura


La vacunación requiere algo más que disponer de una vacuna. Para contener enfermedades altamente transmisibles se necesita mantener coberturas suficientemente altas y hacerlo de manera sostenida.

En el caso del sarampión, el nivel de referencia señalado en la investigación es de al menos 95% de cobertura.

México estuvo cerca de ese objetivo durante años.

Entre 2007 y 2018, la cobertura se mantuvo por encima de 90%. Pero en 2019 cayó a 73% y desde 2022 la tendencia volvió a ser descendente.

En paralelo, desde 2019 se suspendieron las Jornadas Nacionales de Vacunación, según el material de esta investigación. El guion también documenta señalamientos de especialistas sobre problemas en la compra de biológicos, ruptura con proveedores y recortes presupuestales que habrían afectado al programa.

Jesús Felipe González Roldán, ex presidente de la Sociedad Mexicana de Salud Pública, atribuye parte del problema a decisiones adoptadas durante ese periodo.

"Las autoridades en ese momento de salud visualizaban esto como ahorro, a pesar de contar con el presupuesto por parte de la Secretaría de Hacienda para comprar los biológicos, no los compraban".

El dato que queda después de esas decisiones es difícil de ignorar: una cobertura que debía superar 95% terminó muy por debajo de ese nivel.

Y el sarampión encontró el espacio que necesitaba.



De siete casos a casi 13 mil


El crecimiento no fue gradual.

En 2024 México registró siete casos. Un año después, 6,614.

Para septiembre de 2026, la cifra prácticamente se había duplicado respecto de todo 2025.

El país cerró 2025, además, como el que acumuló más casos de sarampión en América, por encima de Estados Unidos y Canadá, según el material de esta investigación.

Para entonces, el problema había dejado de concentrarse en una región.

Los 32 estados reportaban casos.

Los brotes más severos se ubicaban en Jalisco, Ciudad de México y Chiapas.

El caso de Chihuahua permite observar cómo puede comportarse el brote cuando se intensifica la vacunación.

El brote comenzó en marzo de 2025 y alcanzó su mayor intensidad durante junio y julio, con cerca de mil casos mensuales. En enero y febrero se habían reportado apenas 21.

La respuesta posterior fue una campaña de vacunación masiva. El secretario de Salud, David Kershenobich, afirmó que la aplicación de 1.8 millones de vacunas permitió abatir el brote en Chihuahua.

La experiencia plantea una pregunta incómoda: si una intervención intensiva puede reducir un brote, ¿cuánto pudo haberse evitado con una cobertura sostenida antes de que el virus volviera a circular?




La prevención también falla en el consultorio


El problema no termina en la vacunación.

Bruno Vivanco tiene 25 años y trabaja como administrativo en una empresa de seguridad. Cuando comenzó con fiebre y dolor de cabeza acudió a la Clínica 43 del IMSS, en Iztapalapa, después de que apareció el sarpullido.

Estaba vacunado.

Aun así se contagió.

Pero el caso adquirió otra dimensión cuando también enfermó su hija de siete años.

"Yo cuando noté el sarpullido, la verdad, yo sí me preocupé, más que nada por mi familia. Por lo mismo de que nunca me había pasado a mí o a un familiar cercano, fue la incertidumbre de no saber si podía ser muy peligroso".

Bruno considera que la vacunación ayudó a que el cuadro no pusiera en riesgo su vida ni la de su hija. Pero también denuncia dificultades para obtener un diagnóstico.

Según su testimonio, en la clínica no querían realizarle la prueba y a su hija no se la hicieron inicialmente porque todavía no presentaba sarpullido. La prueba, relata, llegó después, cuando personal de salud ya la estaba buscando.

"Ella como todavía no tenía sarpullido no le quisieron realizar la prueba en el seguro y fue hasta después que ya la estaban buscando para hacerle la prueba".

El episodio muestra una segunda vulnerabilidad: cuando la prevención primaria falla, el sistema necesita detectar rápidamente los casos para cortar las cadenas de transmisión.


La pandemia abrió una grieta, pero México tenía problemas propios


El deterioro de las coberturas no ocurrió en un vacío.

En 2024, la Organización Mundial de la Salud lanzó una alerta global por el impacto que la pandemia tuvo sobre los programas de vacunación. La interrupción de campañas y servicios dejó espacios para el regreso de enfermedades prevenibles.

Pero en México se acumularon otros factores.

La investigación señala problemas en la compra de vacunas, ruptura con proveedores, recortes presupuestales y la suspensión de las jornadas nacionales desde 2019.

La pediatra-neonatóloga Karen Rosales Mariscal resume el efecto sanitario más amplio:

"El hecho de no vacunar impacta a toda la población y sobre todo baja muchísimo la calidad de salud de los individuos, sobre todo los más pequeños, encarece el gasto para los padres y también para el sistema de salud porque la gente se enferma más".

La consecuencia es que una falla en la prevención deja de ser un problema individual. Cuando baja la inmunización colectiva, aumenta el espacio para que un virus circule entre personas que no tienen protección suficiente.


No solo es sarampión


El retroceso de la vacunación aparece también en otras enfermedades.

La tosferina ofrece otro indicador.

México pasó de 188 casos en 2024 a 1,590 en 2025. Entre ambos años murieron 106 menores, de acuerdo con las cifras utilizadas en la investigación; la mayoría de los fallecidos no tenía vacuna.

La cobertura de la vacuna hexavalente, que protege contra varias enfermedades incluida la tosferina, pasó de 83% en 2012 a 68% entre 2020 y 2024: una caída de 15 puntos porcentuales.




La tuberculosis respiratoria presenta otra señal.

En 2021 se confirmaron 16 mil casos. En 2025 fueron más de 21 mil.

Y la cobertura de la vacuna BCG, fundamental para prevenir formas graves de tuberculosis, pasó de niveles superiores a 90% a 73% en 2019 y tocó fondo en 2020, cuando apenas alcanzó 29%. Después se recuperó, pero quedó un periodo en el que miles de menores estuvieron sin esa protección.

El patrón que aparece en estos datos es más amplio que un solo brote: la caída de coberturas afecta a distintas vacunas y coincide con el regreso o incremento de enfermedades prevenibles.

Una obligación legal que no garantiza la protección

Desde 2020, la vacunación de menores es obligatoria por ley en México.

La norma, sin embargo, no ha sido suficiente para sostener las coberturas necesarias.

Ahí aparece una de las contradicciones centrales de la investigación: tener una obligación legal no significa necesariamente tener un sistema capaz de garantizar su cumplimiento.

La prevención depende de compras oportunas, distribución, campañas, personal sanitario, vigilancia epidemiológica y capacidad para identificar rápidamente los casos.

Cuando alguno de esos componentes falla, la obligación escrita en la ley no sustituye la inmunización efectiva.


El Gobierno rectifica


Ante la expansión del sarampión, las autoridades modificaron su estrategia.

En 2025 se reactivó la Semana Nacional de Vacunación y el Gobierno asegura que existen millones de dosis disponibles y que se mantiene vigilancia sobre el virus.

Ramiro López Elizalde, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, explicó que ante un caso sospechoso se activa un cerco vacunal.

"Cuando se detecta un caso sospechoso, activamos de inmediato un cerco vacunal. ¿Qué significa esto? Que inmunizamos y vacunamos en un perímetro de hasta 25 manzanas a la redonda".

El Gobierno también sostiene que la estrategia permitió contener el brote de Chihuahua.

La respuesta institucional, por tanto, ya no consiste únicamente en mantener la prevención: ahora incluye reaccionar frente a un virus que ya consiguió establecer cadenas de transmisión en el país.


El costo de llegar tarde


La vacunación tiene una característica que suele volverla invisible cuando funciona: evita que ocurra aquello que después no aparece en las estadísticas.

La Organización Mundial de la Salud estima que la vacunación evita entre cuatro y cinco millones de muertes cada año en el mundo. El material de esta investigación también señala que cada dólar invertido en vacunación puede generar hasta 44 dólares en beneficios.

Por eso, el costo de una cobertura insuficiente no se limita al precio de comprar vacunas cuando el brote ya está en marcha.

Implica campañas extraordinarias, vigilancia epidemiológica, consultas médicas, pruebas diagnósticas y atención de personas que pudieron haber permanecido protegidas.

Y, en los casos más graves, implica muertes.

Jesús Felipe González Roldán lo plantea desde la población que queda fuera de la protección:

"Es fundamental, sobre todo, que pongamos énfasis en los niños que no cuentan con cobertura en términos de sarampión y hexavalente contra tosferina".


El problema no es solamente recuperar las vacunas


México ya demostró durante décadas que puede mantener al sarampión bajo control.

También está demostrando ahora lo contrario: que ese control puede perderse cuando la prevención deja de sostenerse.

Los 12,948 casos registrados hasta el 18 de septiembre de 2026 no aparecieron de la nada. Llegaron después de años en los que las coberturas descendieron, las jornadas nacionales fueron interrumpidas y especialistas señalaron problemas en la adquisición de biológicos.

La respuesta actual busca recuperar el terreno perdido. Pero contener un brote no equivale necesariamente a reconstruir el sistema que evita que vuelva a ocurrir.

Esa es la pregunta que queda abierta.

Si México alguna vez consiguió mantener al sarampión prácticamente fuera de sus estadísticas durante décadas, ¿por qué permitió que las condiciones que hicieron posible ese logro se debilitaran hasta que el virus regresara con miles de casos y decenas de muertes?

La historia del sarampión en México no es solamente la historia de un virus que regresó.

Es también la historia de lo que ocurre cuando la prevención deja de ser una prioridad sostenida.

Y cuando la enfermedad finalmente aparece, el costo de haber prevenido tarde ya no se mide únicamente en porcentajes de cobertura.

Se mide en personas enfermas y, en los casos más graves, en vidas que ya no pueden recuperarse.


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