Las calles de México han comenzado a teñirse con el característico naranja de la flor de cempasúchil. Las familias preparan los altares que recibirán las almas de sus seres queridos en una de las tradiciones más vivas del país.

Más allá de su incalculable valor espiritual y cultural, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, la festividad se consolida este año como un imponente motor financiero.
Se estima que las celebraciones de Día de Muertos dejarán una derrama económica de 53 mil millones de pesos a nivel nacional, de acuerdo con las proyecciones comerciales más recientes de cámaras de comercio Locales y Nacionales.
Este místico reencuentro entre vivos y muertos conjuga raíces prehispánicas y rituales católicos, marcando el fin del ciclo agrícola del maíz. Oficialmente, las fechas principales transcurren el 1 de noviembre (dedicado a los niños y Todos los Santos) y el 2 de noviembre (Fieles Difuntos para los adultos), aunque el retorno de las almas arranca días antes con altares dedicados a mascotas y fallecidos por causas trágicas.
La magnitud de esta fiesta nacional también se ve reflejada en el campo y la producción agrícola. Instalar una ofrenda tradicional moviliza millones de toneladas de insumos indispensables para el tributo, destacando las siguientes cifras oficiales de producción para estas fechas:
? Flor de cempasúchil: Cerca de 2.8 millones de plantas producidas para tapizar altares y panteones.
? Naranja: Un volumen de producción que alcanza los 4.65 millones de toneladas.
? Caña de azúcar: Más de 53.84 millones de toneladas destinadas al consumo y decoración.
? Frutas de temporada: Alrededor de 302,720 toneladas de mandarina y 287,243 toneladas de guayaba inundan los mercados tradicionales.
Los destinos turísticos más icónicos de la temporada ?como el pueblo de San Andrés Mixquic en la capital, Janitzio y Pátzcuaro en Michoacán, y las festividades en Oaxaca? ya reportan reservaciones hoteleras masivas debido a la llegada de visitantes nacionales e internacionales atraídos por los desfiles masivos, las alumbradas nocturnas en los cementerios y las ferias artesanales. Con la economía en pleno dinamismo y los panteones listos para llenarse de música y luz, México demuestra una vez más que el culto a la muerte es, en realidad, un vibrante homenaje a la vida.