Tras casi 22 años explorando los fenómenos más violentos del universo, el telescopio espacial Swift tiene sus días contados. La NASA confirmó que el observatorio regresará a la Tierra mediante una reentrada incontrolada a la atmósfera, un proceso en el que la mayor parte de la estructura se desintegrará, aunque algunos fragmentos podrían sobrevivir.
La agencia espacial estadounidense considera improbable que los restos provoquen daños a las personas, pero advirtió que la caída podría ocurrir en las próximas semanas.
¿Dónde podrían caer los restos del telescopio?
De acuerdo con la NASA, debido a la inclinación de la órbita del Swift, los posibles fragmentos solo podrían caer en una franja del planeta que se extiende desde el centro de México hasta gran parte de Sudamérica, además de amplias zonas oceánicas.
Aunque existe la posibilidad de que algunas piezas sobrevivan al intenso calor de la reentrada, la agencia considera poco probable que representen un peligro para la población.
Su última observación fue el 20 de octubre
El telescopio realizó su última observación científica el pasado 20 de octubre, cuando orbitaba a menos de 275 kilómetros de altura.
A esa altitud, la resistencia de la atmósfera dificulta que el observatorio mantenga sus instrumentos apuntando con precisión hacia los objetivos astronómicos, lo que limitó su capacidad para continuar con las operaciones científicas.
La caída se volvió inevitable en agosto, cuando la NASA y la empresa estadounidense Katalyst Space descartaron la posibilidad de utilizar su nave robótica LINK, lanzada en julio, para capturar el telescopio y elevar nuevamente su órbita.
Casi 22 años de descubrimientos cósmicos
Lanzado en noviembre de 2004, el Swift fue diseñado originalmente para una misión de dos años. Sin embargo, su vida operativa se extendió durante casi dos décadas, en las que se convirtió en una herramienta fundamental para estudiar algunos de los acontecimientos más energéticos del universo.
Según la NASA, el observatorio detectó más de 2 mil estallidos de rayos gamma, considerados entre las explosiones más potentes del cosmos, y observó más de mil 400 supernovas.
Sus observaciones también contribuyeron a la elaboración de alrededor de 7 mil artículos científicos, ampliando el conocimiento sobre la evolución y la muerte de las estrellas.
La rapidez que cambió la astronomía
Una de las principales capacidades del Swift era detectar los estallidos de rayos gamma, determinar su ubicación y comunicarla a otros observatorios. Después, giraba rápidamente sus telescopios para captar el resplandor del fenómeno antes de que desapareciera.
El investigador principal de la misión, Bradley Cenko, explicó que el proceso normalmente tomaba alrededor de un minuto.
Esa velocidad permitió que, en 2005, el telescopio captara por primera vez el resplandor de un estallido corto de rayos gamma, cuya emisión duró apenas 0.03 segundos.
El hallazgo respaldó la teoría de que este tipo de explosiones se origina cuando dos estrellas de neutrones se fusionan.

Un legado de millones de imágenes
Aunque el Swift está a punto de concluir su misión, sus aportaciones científicas continuarán disponibles para investigadores de todo el mundo.
El telescopio deja un archivo público de aproximadamente 12 terabytes de información, que contiene más de 1.5 millones de imágenes y observaciones del universo.
Mientras se prepara para su reentrada, la NASA trabaja en alternativas para mantener la capacidad de detectar fenómenos cósmicos repentinos y responder con rapidez, una de las características que convirtió al Swift en una misión clave para la astronomía moderna.
Su caída marcará el final de casi 22 años de exploración, pero los datos recopilados seguirán ayudando a los científicos a descifrar algunos de los eventos más extremos del universo.