El perro que acompañaba a las almas en su camino al Mictlán recibe un nuevo reconocimiento en la Ciudad de México. Su historia, sus vínculos con las culturas prehispánicas y su presencia en el arte nacional forman parte de la herencia que ahora se busca preservar.
El xoloitzcuintle, una de las razas más emblemáticas del país, fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México, con el objetivo de proteger los conocimientos, las prácticas, las creencias y las expresiones culturales relacionadas con este animal de origen prehispánico.
El decreto fue publicado este martes 27 de octubre en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México y entrará en vigor el miércoles 28.

Un símbolo ancestral que sobrevivió al paso del tiempo
El reconocimiento destaca la presencia de los perros en las sociedades mesoamericanas, particularmente en la Cuenca de México, donde estos animales ocuparon un lugar importante en la vida cotidiana, las creencias y las prácticas funerarias.
El xoloitzcuintle fue considerado un acompañante de las almas en su tránsito hacia el Mictlán, el inframundo de la mitología náhuatl. Su particular apariencia, especialmente la ausencia de pelo en algunos ejemplares, también fue relacionada con una dualidad sagrada por los pueblos originarios.
Su relevancia trascendió el mundo prehispánico. Durante la transformación cultural de principios del siglo XX, artistas del muralismo mexicano incorporaron su imagen a sus obras, convirtiéndolo en un símbolo de identidad nacional.
Xoloitzcuintle: una joya arqueológica viva
En el marco del primer Día Nacional del Xoloitzcuintle, celebrado este 27 de octubre de 2026, el Senado de la República abrió un espacio para presentar el libro Guías de las Almas al Mictlán, del médico tradicional y criador de esta raza, Mario Uribe Barrón, conocido como "Mario Jaguar".
El autor, quien cuenta con más de 20 años de experiencia en la crianza de xoloitzcuintles, aborda en su obra los registros históricos de estos perros, su relación con las culturas mesoamericanas y las prácticas funerarias en las que participaban.
Durante la presentación, explicó que, de acuerdo con datos de especialistas, la presencia de perros vinculados con los primeros grupos humanos del continente se remonta a miles de años. También destacó que la particularidad de que algunas crías nazcan con pelo y otras sin él contribuyó a que esta raza adquiriera un significado especial para los pueblos originarios.
Por ello, el xoloitzcuintle es considerado una "joya arqueológica viva" y parte del patrimonio biocultural de México.
Estuvo a punto de desaparecer
La supervivencia del xoloitzcuintle no ha estado garantizada. Mario Uribe Barrón señaló que la raza estuvo cerca de desaparecer, entre otros factores, por el exterminio durante la Conquista española, debido a la importancia espiritual que tenía para los pueblos indígenas.

Sin embargo, durante la década de 1950, la Federación Canófila Mexicana emprendió una expedición a la cuenca del río Balsas, donde sobrevivían ejemplares de esta raza, con el propósito de impulsar su recuperación y reproducción.
La historia del xoloitzcuintle refleja así un proceso de supervivencia y conservación que continúa hasta nuestros días.

Piden evitar cruces y abandono de ejemplares
Durante el encuentro en el Senado, la legisladora de Morena, Luisa Cortés García, llamó a preservar esta raza como parte de la herencia cultural de México y garantizar que las siguientes generaciones puedan conocerla.
"Que no se extinga esta especie, porque también es parte de nuestra cultura; es obligación de nosotros cuidar de esta herencia cultural para las generaciones que vienen detrás de nosotros", expresó.
Por su parte, Uribe Barrón advirtió sobre la importancia de evitar cruces con otras razas para conservar las características del xoloitzcuintle. También señaló que algunas combinaciones pueden provocar que los ejemplares sean rechazados y terminen abandonados en las calles.
El nuevo reconocimiento cultural busca mantener viva la historia de un animal que ha acompañado a las sociedades mexicanas durante siglos y cuya importancia va más allá de su apariencia: representa una conexión entre las tradiciones ancestrales, la identidad nacional y la memoria colectiva.