Desabasto de medicamentos, falta de insumos y horas de espera para recibir atención médica enfrentan derechohabientes de la Clínica T-21 del IMSS, quienes aseguran que las deficiencias llevan años sin resolverse.
Una usuaria denunció que tuvo que conseguir por su cuenta las bolsas necesarias para su tratamiento de hemodiálisis, mientras otros pacientes señalaron que surtir sus recetas se ha convertido en un problema recurrente.
A estas carencias se suma la saturación del área de especialidades, donde los derechohabientes hacen largas filas y cuestionan que el personal sea insuficiente para atender la demanda.
Las quejas coinciden con las manifestaciones de trabajadores del sector salud, quienes han exigido medicamentos, material médico, contratación de personal y mejores condiciones laborales. Incluso, algunos señalan que las condiciones de trabajo han llevado a compañeros a dejar sus puestos.
Así, mientras pacientes buscan cómo conseguir sus tratamientos, la falta de insumos y personal mantiene la inconformidad dentro y fuera de la unidad médica.

Costo de medicamentos golpea el bolsillo de la economía familiar
La frase "no hay medicamentos" se ha convertido en una preocupación recurrente para los derechohabientes del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Para una familia de escasos recursos el problema ya no es solo de salud, si no, el cómo pagar por recuperarse.
Las recientes manifestaciones de trabajadores han vuelto a poner sobre la mesa las carencias de medicamentos e insumos médicos, una situación que puede obligar a los pacientes a pagar sus tratamientos en farmacias particulares.
El golpe también llega al bolsillo. De acuerdo con los hogares mexicanos gastan en promedio 2 mil 460 pesos al año en medicamentos. Sin embargo, esta cantidad puede aumentar considerablemente cuando se trata de enfermedades crónicas o tratamientos permanentes.
Por ejemplo, una persona que desembolsa 500 pesos mensuales en medicinas gasta 6 mil pesos al año; si necesita mil pesos cada mes, la cifra asciende a 12 mil pesos.
Evidentemente la edad del paciente también puede influir. Un niño puede necesitar medicamentos específicos para su peso y edad; un adulto con un padecimiento temporal quizá solo requiera un tratamiento breve, mientras que una persona adulta mayor con varias enfermedades crónicas puede necesitar distintos fármacos de manera simultánea.
