Con casi 27 años de trayectoria ininterrumpida al frente de su escuela, Perea Center, el maestro Andrés Humberto Perea Ruiz se ha consolidado como un referente del taekwondo en el municipio de Ahome. Lo que comenzó como un proyecto al aire libre con un puñado de vecinos en el Parque Sinaloa, hoy es una de las instituciones más ganadoras del estado, enfocada en la formación integral de la niñez y la juventud.
Un inicio tardío que se convirtió en pasión de vida
A diferencia de la mayoría de los practicantes, la aventura de Andrés Perea en las artes marciales comenzó a una edad avanzada. "Mis inicios fueron ya a una edad avanzada, empecé a los 20 años de edad", relató el entrenador, quien motivado por un sobrino decidió ponerse la cinta blanca. Aunque venía del fútbol y la elasticidad representó un reto inicial, el click con la disciplina fue inmediato: "En la primera semana de entrenamiento supe que ese era mi camino".
Sus primeras clases las impartió siendo cinta verde en el Parque Sinaloa, enseñando a unos diez niños de su barrio. Posteriormente, fungió como asistente de su profesor, hasta que el nacimiento de su primer hijo se convirtió en el motor definitivo para graduarse como cinta negra y fundar su propio instituto el 19 de junio de 1999.
Disciplina, valores y el trabajo en equipo con los padres
Para el maestro Perea, el taekwondo en etapas tempranas funciona como una alternativa de educación. A través de un programa especializado y métodos adaptados a la edad preescolar basados en juegos, el instituto canaliza la energía del 90% de sus alumnos, quienes suelen llegar por ser considerados "inquietos" o tímidos.
"La clave en Perea Center en tantos años ha sido ser un aliado de las familias que traen a sus hijos y hacer equipo. Siempre estamos en comunicación con ellos", destacó.
Asimismo, enfatizó que en su escuela se promueve un ambiente de profundo respeto: "Aquí no cabe el bullying... al niño nunca se le señala, al contrario".
Al final del camino, el profesor se define como un formador paciente, cariñoso pero estricto, cuyo mayor orgullo es el respeto de sus alumnos, hoy muchos de ellos profesionistas. "Ha valido muchísimo la pena. El taekwondo me ha ayudado bastante como persona, como padre de familia. Me ha alejado de muchas cosas que no debemos hacer y me enseñó a intentar ser lo más honesto posible", concluyó.
