El ejido La Unión, en Torreón, enfrenta las consecuencias emocionales del ataque ocurrido en una secundaria de la comunidad. Aunque las familias comienzan a retomar sus actividades cotidianas, el miedo y la incertidumbre permanecen entre los habitantes, quienes reconocen que el hecho modificó su percepción de seguridad.
La agresión en la Secundaria General 13 dejó a la subdirectora sin vida y cuatro personas lesionadas. Desde entonces, vecinos señalan que la tranquilidad de la comunidad se ha visto afectada y que las rutinas familiares han cambiado, especialmente durante las noches.
"La gente ya quedó traumada", expresó Ezequiel Santos, habitante del ejido La Unión, al describir el impacto que el ataque tuvo entre los residentes.
Flor, también vecina de la comunidad, señaló que el temor continúa pese al avance de las investigaciones. "Ya no estamos seguros, nos sentimos nerviosas, pues sí tenemos miedo, seguimos teniendo miedo", comentó.
Alejandra, otra habitante del ejido, dijo que la detención de los presuntos responsables le ha dado cierta tranquilidad, aunque persiste la preocupación de que ocurra una agresión similar.
"Ya un poco más tranquilos porque sabemos que pues sí los agarramos, pero pues de todos modos el miedo se queda de que vaya a volver a suceder algo igual", relató. Añadió que siente tranquilidad al haber visto que se llevaron a los detenidos.

Habitantes modifican sus rutinas tras el ataque en La Unión
De acuerdo con los testimonios recabados en la comunidad, las familias han adoptado medidas para sentirse más seguras. Después de las ocho o nueve de la noche, las calles quedan prácticamente vacías y los jóvenes procuran permanecer cerca de sus hogares.
Estos cambios reflejan las consecuencias sociales que dejó la agresión, más allá de las lesiones físicas y la pérdida humana. Los habitantes buscan recuperar sus actividades habituales, pero reconocen que la posibilidad de que ocurra otro hecho violento sigue presente.
El sociólogo Fernando Araujo consideró que, con el paso del tiempo, la dinámica comunitaria podría recuperarse.
"Yo creo que, con mucho respeto, conforme vaya pasando la dinámica de esta situación, todo regresa a la normalidad y que, de alguna manera, sí generó un shock en el sentido del impacto emocional, del impacto social", explicó.
La recuperación, no obstante, requiere atención a las consecuencias psicológicas que pueden experimentar las personas afectadas, así como acompañamiento para quienes continúan sintiendo miedo o inseguridad.
Especialista pide atender las causas de la violencia escolar
Además de la atención psicológica, Araujo consideró necesario que las autoridades realicen un diagnóstico para conocer las condiciones que enfrentan niñas, niños y adolescentes en sus entornos escolares y familiares.
El especialista señaló que identificar las preocupaciones de los estudiantes y las situaciones que afectan su bienestar permitiría diseñar acciones de prevención acordes con las necesidades de cada comunidad.
"Necesitamos partir de un diagnóstico de qué les preocupa, qué les afecta, cómo se sienten en la escuela, cómo se sienten en su familia. Creo que a partir de esos elementos podemos trazar una ruta para entender sus problemáticas", sostuvo.
El planteamiento apunta a que la respuesta ante un ataque escolar no se limite a las medidas de seguridad posteriores a la agresión. También considera necesario identificar posibles factores de riesgo, fortalecer la convivencia y establecer mecanismos para que estudiantes, familias y docentes puedan expresar sus preocupaciones y recibir atención.
La violencia en centros educativos ya había marcado a Torreón. En 2020, un ataque en el Colegio Cervantes dejó dos personas muertas y seis heridas. Seis años después, la agresión registrada en la Secundaria General 13 volvió a afectar a una comunidad escolar, esta vez con la muerte de una subdirectora y cuatro personas lesionadas.
Aunque ambos hechos ocurrieron en contextos distintos, sus consecuencias reabren la discusión sobre la prevención de la violencia en las escuelas y la atención a la salud emocional de estudiantes y comunidades.
En La Unión, mientras las familias intentan recuperar sus rutinas, el temor sigue presente. Los testimonios de los habitantes y las recomendaciones del especialista apuntan a la necesidad de atender las secuelas emocionales del ataque y analizar las condiciones que pueden contribuir a prevenir nuevas agresiones.